Recuerdo mis días en la facultad, mientras vectorizaba una tipografía me percate de lo hermoso que puede ser ver solamente los nodos, era como jugar a ser Dios.

Como creador consiente buscaba plasmar mi forma de pensar en un espacio en blanco, generar retículas como pilares del universo así como en aquellas leyendas que los mayores cuentan, seleccionar y crear cada estrella requería de la más profunda reflexión que puede dar mi ser, pues todo debía tener un plan casi divino, ni mencionar esa lucha entre el miedo y el orgullo pues jugaba miles de estrellas, si lograba colocarlas en los lugares y distancias correctas producirían vida.

Desde aquel entonces, voltear al cielo nocturno no es lo mismo, pues me sorprendo y pienso, ¡Ese es el alfabeto divino de la creación! y como niño que no sabe leer me esfuerzo por tratar de descifrar lo que el universo, entre mis alucinaciones creo entender por momentos que somos solo un nudo de la red universal.

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¿En qué clasificación tipográfica entramos?

¿Somos serif, sans serif, manuscritas, símbolos o pura fantasía?

Lo único que sé, es que el universo entero es nuestra familia y como tal hay que apreciar su hermosura como si de tipografía se tratase… en cada detalle.

UNIVESITI